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La transformación del antiguo auditorio del edificio Sabatini del Museo Reina Sofia en una sala dedicada a los formatos audiovisuales es mucho más que una intervención arquitectónica: es una declaración cultural. El proyecto, firmado por Bach / Jaume Bach, Anna & Eugeni Bach, recupera la memoria del diseño original de 1987 y la adapta a las exigencias técnicas y simbólicas del presente.
El reto era doble: conservar las piezas icónicas del proyecto de Bach y Mora —la sala de proyección triangular y el triángulo suspendido sobre el escenario— y, al mismo tiempo, dotar al espacio de una nueva identidad cinematográfica. La solución convierte el triángulo suspendido en una gran pantalla acústica, modifica la platea para mejorar la visibilidad y refuerza la atmósfera con un juego cromático que remite a la tradición teatral y cinematográfica: el azul de la bóveda como cielo nocturno y el rojo clásico de los cines históricos.
La intervención no se limita a la técnica. Como señalan los arquitectos, se trata de mantener la idea de “objetos geométricos bajo un cielo estrellado”, un espacio donde la arquitectura se convierte en escenario de experiencias colectivas. Las cortinas de terciopelo que reciben al visitante evocan universos cinematográficos que van de Luis Buñuel a David Lynch, de Pedro Almodóvar a Aki Kaurismäki, situando al museo en diálogo con la historia del cine y la cultura contemporánea.
El nuevo Cine y Auditorio Sabatini no es solo una sala: es un gesto de continuidad y transformación. Conserva la memoria del hospital del siglo XVIII y del auditorio de los años ochenta, pero lo proyecta hacia el futuro como un espacio donde arquitectura, arte y cine se funden en una experiencia total.




